lunes, 21 de octubre de 2013

Los políticos juegan a la ruleta rusa

Soy de una generación que crecimos asustados por el holocausto nuclear, y que nos quedamos petrificados en la butaca con el desgarrador grito de “Cara Cartón – Charlton Heston” en la escena final del “Planeta de los Simios”.

Esta semana parece que le hemos cogido justo a esto de acercarnos al precipicio y a jugar a la ruleta rusa pero en la realidad. Por un lado en el ámbito internacional el Presidente Obama con los republicanos enrocados en demostrar quien ponía más balas en el tambor mientras lo giraban y se aproximaba el plazo del llamado “abismo fiscal”, gracias a la intervención de una senadora republicana que ha buscado alianzas y relaciones entre sus congéneres de sexo del partido demócrata se ha logrado una prórroga de tres meses. Todo gracias a las mujeres, como ha alabado el senador conservador Mc Cain.

Y es que no somos iguales, los milenios de evolución imprimen carácter, los hombres cazadores y guerreros no pueden evitar su testosterona y las mujeres acostumbradas a lidiar con las diferencias en el clan, saben siempre buscar alianzas. Ángela Merkel, la cual, no me pone, como dicen los jóvenes ni física ni intelectualmente (políticamente), acaba de dar una lección a nuestros políticos nacionales, forales y locales, logrando un gobierno de gran coalición, disminuyendo la incertidumbre para con sus conciudadanos y dando la estabilidad necesaria que precisan los tiempos en los que vivimos.

Mientras en Europa, en concreto en Francia, tan orgullosa de su lema “Igualdad, Libertad y Fraternidad”, un gobierno socialista ha aplicado el peso de la ley y ha deportado a una peligrosa antisocial menor de edad, cuando estaba de excursión con sus compañeros de instituto, todo sea por no quedar atrás en las encuestas de intención de voto, lo peor es que dicha chica legalmente tiene todo el derecho del mundo a vivir en Francia al haber nacido en Italia, aunque su familia sea bosnio-kosovar-. A mis allegados a hace tiempo que les dije que tanto Obama como Hollande, me parecían un Rodríguez Zapatero, pero uno envuelto en el glamour de la alfombra roja de Hollywood y los rascacielos de Chicago y el otro arropado por el tintineo de las candilejas de la ciudad de la luz. Lo contrario a la famosa conjunción galáctica de aquella ministra y secretaria de organización desaparecida de escena. Y poco a poco ambos ratifican mi intuición, a lo que el Sr. Punset se congratulará en su próximo artículo.

 La libertad guiando al pueblo de Paris - Eugène Delacroix - 1830

Aquí para no ser menos El Sr. Mas y sus amigos de pancarta siguen forzando el juego de la ruleta rusa ahora os apunto con el referéndum, ahora me apunto con la declaración unilateral. Y mientras los empresarios catalanes que empiezan a sudar ante la apuesta, comienzan a hacer declaraciones: unos tímidamente, otros muy claros. Y para amenizar el sainete el “president” da un mutis por el foro y planta a la fundación Fomento del Trabajo, que era quien le había convocado y no a la vicepresidenta, aunque los periodistas caen en el subterfugio y lo titulan en clave de confrontación en vez de mala educación. "Sólo los tontos se burlan del protocolo", recordaba el malicioso canciller Talleyrand.

Mientras a la espera del próximo capítulo de este culebrón que apunta a drama nacional. Y que cada día nos despista más del foco de numerosos problemas más reales y acuciantes: paro, desahucios, perdida del mal llamado estado de bienestar, quiebras de empresas emblemáticas como Pescanova, Panrico, Fagor, con el drama social y familiar que conlleva. ¡Abran sus apuestas¡ ¿Cuál será la próxima?

Me pregunto, en mi ingenuidad de ciudadano de a pie, si alguno de los innumerables asesores de nuestros numerosos políticos de este país, no les puede aconsejar de los problemas que realmente nos preocupan que son muchos y que se dejen de juagar a la ruleta rusa. Porque como decía, allá en 1985, mi capitán García Domaica (por cierto una gran persona): “las armas no las carga el diablo, las carga un idiota y se les dispara a otro idiota”.

Por ello ojo lo que cargamos y como jugamos no sea que nos explote en la cara. Y el abismo al que parece nos gusta asomarnos nos succione cuan agujero negro.

Nota: Publicado el  12-11-2013 en el Diario de Navarra.

sábado, 12 de octubre de 2013

Sobre los husos y horarios laborales



Tras el verano con sus distintas y coloridas serpientes informativas: Snowden y el coletazo de Evo Morales, los JJOO y la “relaxing cup” (que podría convertirse en una nueva competición futbolística para poder tener más futbol, pues hay poco), llega el otoño, y en Pamplona con el marrón de las cuentas de Osasuna y este marrón, Sr. Archanco y resto de la junta directiva, es de todos los navarros, parece que sólo son 40 millones de calderilla que bien nos vendrían en nuestras arcas forales, las de todos y a las cuales el resto de los ciudadanos no podemos aplazar el pago. Pero a lo que iba, este año para amenizarnos y como cortina de humo de los presupuestos en vez de sacar el tema de los días festivos en España o el sempiterno asunto del cambio de hora, nos liamos con los husos horarios y lo aderezamos con los horarios/jornadas laborales.

Para empezar y como es norma en este país cainita buscamos una cabeza de turco, esta vez es al antiguo dictador. No seré quien defienda, y a estas alturas de mi vida, a semejante personaje pero puestos a echarle las culpas de algo (además de las sabidas por todos) me parece más serio adjudicarle el asunto del estraperlo y el favorecimiento del pluriempleo que posteriormente nos han llevado a ver normal la economía sumergida que hoy en día ahoga a este país y los sueldos ridículos que cobramos en comparación con nuestros vecinos europeos, con los que para lo que queremos bien que se nos mide. Pero bueno si el tener un malo al que caerle el mochuelo nos ayuda a unirnos en cambiar algo bienvenido sea y echémosle la culpa de todo para ver si de una vez arreglamos este galimatías en el que nos hemos metido y del cual no encontramos la salida, porque algunos viven muy bien así, enredando la madeja y confundiendo al respetable.

Sobre el ajuste al uso horario creo que mi posición, quedo meridianamente clara en el artículo del pasado 28 de marzo titulado La danzade las horas, en donde abogaba por la adecuación al horario solar. Sobre lo que quiero incidir ahora es en el debate de los horarios laborales. Los mismos han cambiado mucho desde los años 40. Ahora hay muchos sectores que trabajan a dos y tres turnos, automoción, alimentario, sanidad, seguridad, prensa y comunicación y seguro me dejo alguno. Otros se han tenido que adaptar a los nuevos usos y costumbres, el horario del comercio cada vez queremos que sean más amplio, (personalmente me niego a ir a comprar algo en los festivos/laborables en dicho sector salvo causa de fuerza mayor pues lo que no quiero para mí no se lo deseo a otro compañero trabajador); el del ocio, y el de la hostelería el cual por estar relacionado con un sector estratégico como el del turismo no veo claro que lo adoptemos a los horarios europeos y menos a los ingleses, en donde cierran los bares (pubs) a las 22:00 y los sábados a los 23:00, con su tradicional toque de campana. La construcción bien hemos visto que cuando aprietan los plazos con unos buenos focos se puede trabajar a todas las horas necesarias para llegar a cumplir los plazos, caso del Mercadona de Berriozar, entre otros.

Por tanto nos queda el sector servicios / oficinas, el cual si se puede adecuar a los consabidos “9 to 5” tan sajones y normandos. Hace tiempo que trabaje en una multinacional en donde se impuso este horario tanto en sus oficinas centrales como al personal de las plantas que podía adecuarse al mismo en España con un sistema de fichaje en donde el trabajador debía cumplir sus 40 horas semanales con la única condición de ir todos a los días de lunes a viernes pero con la libertad de meter un día 10 horas y otro 6 en función de sus necesidades personales y siempre que se cubriera el servicio. Posteriormente mi devenir profesional me llevo a conocer otra multinacional, ésta definida por un compañero como transnacional de pueblo, y otras empresas medianas y pequeñas, algunas vinculadas a grandes grupos corporativos y otras de carácter familiar. Curiosamente en la mayoría de ellas, con excepción de una cuyo origen estaba vinculado a una familia alemana y se cumplían escrupulosamente los horarios. En el resto se daba el caso de que o bien por mentalidad del fundador o peor por maneras heredadas ya de este, ya de no se sabía quién estaba pero que muy mal visto que uno se fuera a la hora, a pesar de cumplir sus objetivos. En alguna pude comprobar con gran asombro que la mayoría de la gente estaba esperando unos 30 minutos más y cuando el primero salía luego tras 10 o 15 minutos más salía el resto en desbandada y casi gritando aquello de “maricón el ´último” y disculpe el colectivo homosexual por lo de la expresión tan castiza. Lo peor de este hecho es que este lo pude constatar para colmo hasta en un departamento en donde el 98% eran titulados superiores y con un alto porcentaje de doctores en sus respectivas especialidades.

Luego el debate de los horarios laborales no debe centrarse en los mismos sino en la mentalidad de los jefes de sección, área, departamento y gerencia de las empresas y organizaciones y en que estos se despojen de las viejas costumbres de cuanto más horas mejor y adopten los nuevos parámetros de consecución de objetivos a la vez que la administración y también los mal llamados (controllers) controladores internos de desvíos de las empresas debieran hacer su trabajo y vigilen y persigan más el abuso de horas extras la mayoría muchas veces injustificadas pero permitidas e incentivadas para alcanzar unos sueldos dignos a final de mes debido a lo bajo de los salarios base. De manera que se mal educa al trabajador y se fomenta la ineficiencia de la institución, haciendo de esta costumbre y hábito.

Mejor centrar los problemas de los debates antes de que estos se nos vayan de las manos por las ramas y los cerros de Úbeda. Y acabemos como casi siempre sin resolver nada y perdiendo el tiempo y la paciencia.

martes, 1 de octubre de 2013

¡Por fin octubre!


¡¡Por fin!! Octubre, ¡prueba superada! un año más hemos sobrevivido al principio de curso. Esta es la expresión que muchos padres y madres exclaman cuando comienza este mes.

Somos muchos los progenitores que cuando llega septiembre y junio tenemos que hacer encaje de bolillos para sobrevivir al día a día de los mismos. Y el problema es los diferentes días y horarios con que nuestros hijos empiezan o acaban el curso escolar, a pesar de ir al mismo centro educativo. No importa que optes por la educación pública o concertada en castellano,  en euskera o plurilingüe. He preguntado a numerosos padres y madres entre amigos, familiares, conocidos, allegados, vecinos y compañeros de trabajo y todos andamos igual, de cabeza y deseando que llegue octubre para que los horarios sean los definitivos (sobre todo los que tenemos los hijos con jornada partida de mañana y tarde) y hallan comenzado las actividades deportivas y pasada los reuniones de principio de curso. Y en junio por el contrario sean vacaciones de verano y todos en casa.

En un momento en donde las empresas y a los políticos se les llena la boca hablando de conciliación familiar e igualdad, es imposible que un trabajador se puede organizar mínimamente sin ayuda o bien de los abuelos o tíos sin obligaciones familiares o incluso de los vecinos o bien con una ayuda extra familiar contratada para superar estos días. O cogerse días de vacaciones, porque esto no tiene permiso, ni derecho a horarios más flexibles.

Son muchos los colegios que comienzan sólo en horario de mañana y que cuando llega el 01 de octubre pasan al completo, pero esto se hace así. Como este año lunes solo de mañana y martes completo, miércoles (como es miércoles sólo de mañana) y el resto de la semana ya mañana y tarde. Los hijos locos porque no saben cómo tienen que ir y además les cambian el horario de las asignaturas y los días de gimnasia. En esta vorágine sé de algún padre que ha olvidado tener que ir a recoger a su hijo o lo ha “perdido” en la parada del autobús. Tan difícil es retrasar una semana o algo más el comienzo de curso pero empezar ya de mañana y tarde y sin tanto jaleo, por lo menos empezar los distintos horarios por semanas completas. Por cierto que en estos casos la reunión para conocer al nuevo tutor y los cambios de profesores se posponen a cuando comienzan las clases por la tarde, con lo que tu hijo lleva un mes con un profesor que muchas veces no conoces. Y de manera que si tienes varios hijos te pegas una semana entera llegando a casa a las 20:30 como muy pronto y habiendo recibida la charla del director o jefe de estudios varias veces.

Mención aparte los que tienen hijos en infantil y deben realizar el mal llamado período de adaptación escolar, puede que a los progenitores primerizos en su bisoñez o incluso ñoñez les parezca lo más acertado del mundo, sobre a todo alentados por psicólogos y pedagogos. Pero la verdad, y lo tengo hablado con muchos amigos profesionales de la educación en todas sus vertientes (púbica/concertada y lingüística) ese período es para el profesor. Actualmente se dan numerosos casos de niños que con tres años realizan un período de adaptación escolar, cuando desde los seis meses llevan entre 8 y 12 horas diarias en guardería y son auténticos “Rambos” en la supervivencia escolar, con más mili que sus padres y el palo la bandera. En general, y lo pude comprobar con mis cuatro hijos, se adaptan al momento o a los cinco minutos de estar con el maestro y los compañeros. Son casos excepcionales los que tienen problemas y por tanto es en esos en los que hay que incidir. Muchos de nosotros no hemos sufrido períodos de adaptación y aquí estamos, sin traumas, además tampoco tenemos adaptaciones al volver de vacaciones o de una baja laboral. Sin embargo hoy en día es lastimoso el espectáculo que se produce a veces (bastantes) cuando estos infantes casi preadolescentes deben ir a la semana blanca, verde o azul o algún campamento y no quieren separarse de sus familias a pesar de lo bien que se lo van a pesar. Como decía aquel ministro: Manda “güevos”.

Y ya para remate sobre la conciliación familiar, lo que les paso a mis sobrinos en un puente foral en donde a pesar de ir al mismo centro educativo iban a distinto ciclo (Primaria/ESO) unos tenían clase unos días y los otros los otros de manera que mi hermana y mi cuñado tuvieron que cogerse días de vacaciones no para hacer puente sino para organizarse en casa. Esto es la conciliación y la adaptación que sufren las familias tanto a principio como al final de curso y con los posibles puentes o días de carnaval. Por favor piensen más en las familias y menos en ustedes señores profesores, políticos y directivos de RRHH.

Nota: Publicado en Diario de Navarra con el título "Los colegios y la imposible conciliación familiar" el 02-10-2013.



Tienes toda la razón en el artículo que escribes. La racionalización de horarios y que se acomoden (tanto los laborales con los educativos como al contrario) es el primer paso para lograr una verdadera conciliación. Ya se esta trabajando en ello: posibilidades de implantación del horario europeo, flexibilidad laboral, ayudas para paliar los gastos que conlleva la no coincidencia de los horarios escolares con los laborales, etc...

Desde el área de Familia del GN, como área transversal que debe estar presente en toda la actividad del Gobierno estamos trabajando en ello, y cualquier sugerencia será bienvenida.
Enhorabuena por la publicación¡
Enviadodesde LinkedIn para iPad
TN 

Mi más cordial enhorabuena por el artículo sobre el período de adaptación... no se puede describir mejor.
Enviado desde LinkedIn
IT 

Eh! con este señor quiero estar. Buenos días, ya te he visto, leído, de par de mañana. Tienes más razón que un santo. Ahora vengo de dejar al nieto.
GC (vecina del barrio)

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GC (vecina del barrio)





viernes, 6 de septiembre de 2013

En última convocatoria

Tras el largo y cálido verano, pese a los auspicios del “meteorólogo” francés, nos encontramos ya inmersos en la rutina y vorágine diaria con los viejos problemas de siempre. En este mundo al revés, observamos como los universitarios empiezan las clases el primero de septiembre, mientras los infantes se prepararan para su inicio una semana más tarde y ESO y bachiller a mediados de mes. Todo sea por Bolonia y claro nos vemos que en este curso 2013/14 estamos en sexta convocatoria con nuestra vieja asignatura, o créditos obligatorios (utilizando la nueva terminología educativa), para poder salir de la crisis y pensando estrategias para pedir las dos convocatorias de gracia y así llegar, con un poco de suerte al ejercicio 2015/16 y poder aprobar esta materia que se nos ha atragantado y que no es otra que el empleo/trabajo.

Cuando en primavera nos presentábamos al examen final de curso desde muchos y diversos ámbitos se apuntaban al reparto del trabajo. Los sindicatos por quedar bien con sus afiliados y posibles clientes o por aquello de la “política sindical” y ser más y mejores que los otros. Los partidos políticos, muy divertidos ellos, pues si estaban en la oposición para quedar bien con el electorado (hay que pensar en los votos futuros) y los que estaban en el poder (lo mismo pero al revés) por apuntarse al carro de las ideas y no ser menos, incluso se daba el caso que según en donde y como se estuviese se podían ver posiciones casi opuestas dentro de las mismas siglas haciendo alambiques y encajes de bolillos para no parecer una jaula de grillos. La patronal y organizaciones empresariales se unían al tema ante la posibilidad de abaratar costes e incrementar la flexibilización; pero todos con sus matices y sin ponerse de acuerdo. No sea que se resuelva el problema y se llegue al pleno empleo, algo nefasto para el sistema. Pues muchos de ellos no tendrían razón de existir o perderían una poderosa herramienta para meter miedo.

Por de pronto nada nuevo bajo el Sol, la idea del reparto del trabajo, no es original, ya en anteriores crisis estudiosos del problema habían escrito mucho y bien sobre él. Recomiendo el libro “Trabajar menos para trabajar todos” de Guy Aznar de Ediciones HOAC de 1994. En donde se daban numerosas propuestas para llevar a cabo la idea.

Pero en aquellos debates primaverales parece ser que nadie se acordaba de aquellos condicionantes “sine qua non” que por lo menos a mí me explicaron mis profesores de matemáticas. Y es que para repartir el trabajo, primero ha de haberlo y debe ser estable. En algún debate se hablaba de repartir algo que ni siquiera se tenía para todos los que estaban en la mesa y en muchos casos está sujeto a pedidos que fluctúan y muchas veces no llegan al mínimo. Y segunda condición el salario debe ser digno y que sirva para llegar a final de mes. Difícilmente un trabajador puede repartir su trabajo con otra persona si con su sueldo no llega para su familia. Y es que en España el sueldo medio BRUTO (1615 euros*) es 321 euros menor que el sueldo medio de toda la Unión Europea. Muchas veces he escrito que las medias son peligrosas y que cuando hablamos estadísticamente conviene dar los datos de la desviación típica y de lo que se llama moda (el valor con una mayor frecuencia en una distribución de datos). Y lo más grave es que en España la moda salarial no llega a los mil euros, por poco. Si a esto le unimos las pretensiones veraniegas del FMI de rebajar un 10% más los salarios, y los deseos de la patronal de reducir el salario fijo y aumentar el variable en función de objetivos, muchos veces fijados unilateralmente, va a ser imposible repartir el trabajo.

Por otro lado la opción de repartir el trabajo pasa por la decisión personal del trabajador que lo posee y lo comparta, y cada uno sabe lo que tiene en su casa.

La sobriedad, la austeridad y el compartir son una opción de vida, que requieren un planteamiento y reflexión personal sobre lo imprescindible, lo necesario y lo superfluo que en la sociedad actual en la que vivimos es una lucha contracorriente. Solo siendo sinceros con nosotros mismos e interpelándonos en lo profundo podremos avanzar.

Es obvio que la conquista de nuestros abuelos de la sociedad de los tres tercios (8 horas para trabajar, 8 para descansar y las otras (para el resto de funciones vitales) con la evolución de la misma, se está quedando obsoleta. Y tampoco es de recibo que unos vivan exclusivamente para trabajar y otros para estar continuamente buscando el ansiado empleo. Pero para poder repartir el trabajo antes hemos de cumplir las condiciones previas necesarias reseñadas. Todo lo demás es fuego de artificio o peor aún pretender repartir la miseria. Y ya se sabe que pan para muchos hambre para todos.

No tenemos mucho tiempo para prepararnos el examen, por ello hemos de empezar a estudiar duro, pues los parciales llegan pronto, siempre antes de lo que pensamos. Y ya es hora de sacar esta asignatura y con nota. Lo necesitamos para mejorar el expediente.

*DN 26/05/2013 

miércoles, 7 de agosto de 2013

La legalidad, estúpido!

Los niños en su sencillez suelen clavar las ideas y nos lanzan mensajes de gran calado. Una de sus expresiones más comunes es: “Esto no es justo”. Y suelen tener mucha razón. El mundo no es justo.

Es decir ellos simplifican y equiparan JUSTICIA al término de ley natural, que es aquella ley fácilmente captada por la razón de los individuos (como si ya viniera en todos los individuos por naturaleza). Por tanto la ley natural está en el orden de la moral. Un ejemplo de ley natural podría ser la idea que la mayoría de los individuos tenemos sobre la preservación de la vida o el "no matarás".

Y se olvidan de la ley positiva que es aquella derivada por las leyes o del orden jurídico.

Mientras que la ley natural es inmutable y eterna, la ley positiva es contingente y diversa, pues las leyes cambian según el lugar, la época, etcétera.

En definitiva la ley natural se corresponde con la moral y la ley positiva con lo jurídico.

Recientemente los ciudadanos hemos asistido y estamos asistiendo a una serie de hechos “irregulares” en relación con diversas posibles imputaciones o hechos susceptibles de investigación por cobros varios, usando la fórmula de dietas, mal llamados sobresueldos o sobres y dando la idea de que han sido ajenos a tramites tributarios. Hechos que debido al momento coyuntural socio-económico hacen que nuestra susceptibilidad esté al límite y los ánimos los tengamos encendidos.

La mayoría de los ciudadanos al igual que los infantes confundimos la ley natural con la positiva entendemos que no es justo, y es así, que se cobren dietas cuyo montante es elevado en función de la responsabilidad que no ha sido asumida, dietas que mucha veces eran parte inherente al cargo o función, por tanto el ciudadano de a pie no comprende que, por poner un ejemplo gráfico, al albañil se le pague por ir a la obra y a la vez por poner ladrillos. Y menos que además vaya dos y tres veces al día a la obra. Y cobre el tope de asistencias anuales aún cuando estas no estén debidamente justificadas o incluso en algunos casos presuntamente falseadas.

Entiendanme bien señores políticos de todos los signos, no me opongo al cobro de dietas lo que me opongo es a que estas sean elevadas y a que se me tome el pelo. Y cuando se descubre el hecho, todos, todos ustedes quieran hacernos tragar con ruedas de molino que está todo bien, y que con devolver el dinero, o decir que se va a estudiar y mejorar el sistema de control y cobro se queden tan tranquilos y más si un juez da por zanjado el asunto y aquí paz y después gloria. Y para colmo no se asuma por ninguno de ustedes, tanto oposición como gobierno pues todos han estado en lo que comúnmente llamamos “ajo”, las responsabilidades morales.

Ustedes legalmente (ley positiva) no han cometido ningún acto punible pero moralmente (ley natural) se han burlado de la confianza de los electores y de los que no tienen derecho a elegir pero que están sujetos, y se ven afectados por sus actuaciones y decisiones.

Los ciudadanos parafraseando la frase utilizada durante la campaña electoral de 1992 de Bill Clinton, es la economía, estúpido, debemos emplear a modo de recordatorio como hizo James Carville, estratega de la campaña electoral, y ponernos en un cartel para repetirnos: es la legalidad, estúpidos.

Por desgracia ustedes, los políticos, son el poder legislativo y hay un conocido dicho de nuestra lengua que dice: “Hecha la ley hecha la trampa”.

A nosotros, los ciudadanos y votantes, no nos queda nada más que esperar al próximo proceso electoral, tener memoria histórica (para recordar lo que ustedes han hecho o dejado de hacer), repito unos y otros, y votar con criterio, esperando que haya donde elegir.

Y no olvidarnos de este pensamiento de José Luis Cortés: “¿Cómo saber ser un “administrador fiel y prudente”? Empezando por saber que únicamente somos administradores.”

Quien tenga esto presente será un buen administrador. De momento hemos de esperar y los tenemos que buscar.

martes, 11 de junio de 2013

Como hemos cambiado

Esta semana, el día 12, hace ya 28 años España firmaba el Acta de Adhesión a la Comunidad Económica Europea. Desde entonces ha llovido bastante. Y así como está de moda maridar vinos o cervezas con comidas. A este texto le va la canción de Presuntos Implicados “Como hemos cambiado”.

Que lejos han quedado y como hemos olvidado que por aquel entonces acudíamos contentos de ejercer nuestro derecho al voto, hoy sin embargo es un deber el cual muchos no practican y los que lo hacemos desde la razón cada vez nos cuesta más encontrar a quien. La mediocridad se ha erigido gracias a la dictadura de las listas.

Recuerdo la ilusión de que por fin Europa no empezase en los Pirineos sino en Tarifa. Atrás quedaban para nuestros padres y abuelos años de aislamiento y autarquía, que habían calado hondo haciendo creer que lo de fuera era mejor que lo nuestro. Hoy ya sabemos que nuestros productos no tienen nada que envidiar, y que lo que necesitan es que nos lo creamos y sepamos venderlos como hacen los franceses e italianos.

Por aquel entonces éramos el quinto país productor de coches del mundo hoy a duras penas nos mantenemos entre los diez primeros.

Nunca nos hemos caracterizado por ser monárquicos, pues al mejor rey le regalamos un motín (de Esquilache) y al peor le llamamos “El deseado”. Pero en los ochenta había mucho “juancarlista”. Ahora comenzamos a plantearnos si no es mejor una República y si esta debe ser al estilo de Francia, Alemania, Italia y Portugal, ósea con Presidente (más o menos florero) y primer ministro o mejor nos ahorramos unas elecciones y unos gastos de representación, que ahora se quieren hacer transparentes, aunque algunos (sindicatos) no quieren hacerlo con los propios, y optamos por algo más a lo de Estados Unidos.

En lo que si parece que hemos mejorado es en lo deportivo, de Santana y Orantes a Nadal y la armada que nos recuerdan el orgullo de ser españoles. Del Real Madrid manipulado por el poder para su propaganda a contar con Barcelona, Atlético de Madrid, Sevilla, Valencia, y Zaragoza levantado copas en Europa. Y otros más modestos en finales y semifinales como Alavés, Español, Osasuna y Getafe. De Angel Nieto a toda esta colección de jóvenes pilotos que no dejan podio libre. De los tímidos Bahamontes y Ocaña a Perico, Indurain, Pereiro, Sastre, Contador, hasta en los mundiales y las clásicas con Freire, Valverde, etc. En fórmula 1, rallies, baloncesto, balonmano, waterpolo, y hasta en futbol dejando atrás la maldición de cuartos. No podemos olvidar el glamour del cine, de Los Santos Inocentes a No es país para viejos y en medio una colección de Oscars y otros premios.

En lo que no hemos cambiado es en la estadística del paro y en la exportación de mano de obra, antes era sin cualificar hoy en día son nuestros mejores cerebros los que están por el mundo.

Del furor inicial por Europa, estamos pasando a un euroescepticismo. Empezamos a estar hartos de que Bruselas nos diga todo lo que tenemos que hacer. Recetas que muchas de ellas no se las aplican ellos. E intuimos que la casa se comenzó por el tejado, perdón por el Euro y que hemos perdido los planos.

¿Cuál es el problema? La falta de dirigentes sobresalientes como De Gaulle, Churchill y Adenauer o, por lo menos, notables como Mitterrand, Thatcher y Kohl. Pues Hollande, Merkel y Cameron no llegan ni al precisan mejorar. De los de aquí mejor no hablar. ¡Y tú más! Y no digo nada si nos bajamos a la liga local.

Unos ciudadanos desilusionados que han olvidado las utopías y los sueños, enajenados por un “bienestar” con su ración de consumo y rezando a pesar del laicismo: ¡Virgencita que me quede como estoy!

Pero es obvio que necesitamos tener las ideas claras, una ilusión por construir algo nuevo, unos pocos objetivos claros, alcanzables, medibles y revisables, buscar las personas que sumen y no las que dividan, las que sepan conjugar el verbo consensuar, anteponiendo el bien común frente al individual, respetando la particularidad.

Lo que no puede ser es que queramos ser uno y tengamos distintas seguridades sociales, distintas leyes laborales aunque podamos ser contratados en cualquier estado, distinta forma de calcular las pensiones, y distinta edad de jubilación, muy diferentes sueldos mínimos, distinta fiscalidad, y así con una larga lista; terminando por un banco europeo con multitud de bancos nacionales que a estas alturas nos han demostrado que no han hecho bien su trabajo. Habrá que comenzar a unificar ciertos, muchos, temas para seguir creciendo en la llamada construcción de Europa.

Y casi todo esto vale tanto para Europa como para casa.

Nota:  Publicado el 14-06-2013 con el título de "Aniversario de la adhesión a Europa".

Buena crónica.
KS

Te olvidaste de uno. 
- Sí, Mariano Haro, y también Paquito Fdz Ochoa y Perez de Tudela.
RG 

Te leí.Interesante reflexión.

lunes, 13 de mayo de 2013

Talla L

Sí, reivindico la talla L y si me apuran la S. No se asusten, ni alarmen, asociaciones de psicólogos, médicos, profesionales de la pasarela y moda, feroces y airadas feministas, y colectivos que se adhieran a cualquier plataforma “anti” por ser “progres”, esto no es, repito NO es apología de la anorexia.

Vivimos en una sociedad tremendamente preocupada, primero por la tierna infancia, tanto que algunos de estos pequeños cabroncetes se han dado cuenta del asunto y tiene la sartén por el mango; y todo por no dar un pescozón a tiempo, claro que si algún cantamañanas te pilla y te denuncia, y algún juez con ínfulas de salir en la prensa coge el caso te cae todo el peso de la ley y la colleja te sale más cara que cada uno de los atentados de Iñaki de Juana Chaos. Además que te estigmatizan como al protagonista de La Caza.

También nos preocupan nuestros jóvenes tan preparados (aunque siempre los jóvenes hemos sido los más preparados con respecto a las generaciones anteriores) que tienen que emigrar, perdón, que ahora se dice movilidad exterior, cuando es el antiguo ¡Vente pa Alemania, Pepe!

Y ya por último por nuestro mayores, tercera edad, o como queramos llamarlo. A estos es simplemente y en muchos casos por puro egoísmo social. Porque todos aspiramos a llegar a la jubilación, ya que la otra opción no es aceptable.

Pero los de la talla L, lo tenemos crudo. La talla L (ver números romanos) somos ese afortunado grupo de personas “jóvenes” que tenemos entre diecimuchos y veintipocos años más unos 30 (año arriba, año abajo) de experiencia. Y digo afortunado grupo porque nos ha tocado la lotería de ser los protagonistas de las estadísticas, la mayoría de los empleos destruidos por la crisis eran nuestros contratos indefinidos, la mayoría de los parados de largo duración somos nosotros, los de la talla L. Cuando acabamos nuestros estudios, ya no nos esperaban a la puerta de las escuelas y facultades como a los que son un poco mayores que nosotros. Además nos tocó ser los primeros del cambio (enésimo) del sistema escolar y nos tocó hacer un curso más (3º de BUP) y naturalmente la “mili”. Ahora algunos iluminados quieren retomar estas (ambas) ideas para posponer el paro a los jóvenes. No tuvimos Erasmus. También cuando pedíamos hacer prácticas en empresa, obviamente sin remuneración, nos miraban con cara extraña y nos despachaban con cajas destempladas. Tan real como la vida misma, puedo citar el nombre de conocidas empresas en los que lo intente. Y al paso que vamos ni nos van a dejar jubilar, pero tampoco nos dejan trabajar.


Algunos de nosotros, ante la situación laboral, han optado, también, por la “movilidad exterior”, dejando aquí a la familia y viniendo los fines de semana o una vez al mes, dependiendo de la coyuntura. Otros, tras un largo peregrinar de puerta en puerta hemos conseguido trabajo (afortunados), no de lo nuestro, ni siquiera en donde nuestras capacidades y competencias pudieran dar más valor añadido, pero nos da para pagar las facturas y cotizar para la jubilación, y en algún caso para ayudar a nuestros mayores dependientes, llegando justos y haciendo maravillas a final de mes.

Muchos están desesperados porque esa puerta no se abre y nadie se acuerda de ellos, y otros ven como pronto les va a llegar su turno de desfilar ante la oficina de recursos humanos. Es curioso que hace unos días vi el anuncio de un curso para los responsables de estos departamentos, por el estrés que ellos sufrían y que eran los grandes olvidados. Perdonen que me ría, pero ellos conservan su trabajo, incluso cobran primas por despido como el protagonista de El Capital (otra gran película de Costa Gavras) y George Cloney en Up in the Air o se auto engañan y justifican diciendo que han salvado “x” empleos. Pero ellos no son como el protagonista de Las nieves del Kilimanjaro (otra genial película francesa), y meten su nombre en el bombo del despido.

Por ello me veo en la obligación moral de reivindicar a mis compañeros de talla, a los que despiden y están en búsqueda de trabajo, a los que aspiran a mejora de empleo para poder dejar su hueco a otro compañero que no tuvo la oportunidad, la circunstancia o la suerte de prepararse mejor en su día. Porque todos, además de talla L somos también talla S.

Al igual que Django llevamos la S marcada en la mejilla, la S de supervivientes, de varias crisis. La S de Stallone en el crepuscular Rocky Balboa, la S del que sabe que no ganará el combate pero sí que será capaz de aguantar en pie hasta el último asalto con dignidad y vergüenza torera, justo las que les faltan a nuestros dirigentes o “representantes” políticos; igual me da que sean de los que se calan la boina, la chápela, la barretina, el cachirulo o el pañuelo con cuatro nudos, que sean progres, moderados o ultras. Pues todos, y ahí tengo la duda, no sé si porqué ni siquiera saben hacer lo o con un canuto y no supieron justificar bien sus gastos para cuadrarlos correctamente o por el contrario, y no sé si peor, iban de sobrados y pensaban que nadie y ni nunca los iban a pillar, lo hacían con total impunidad. La misma con la que ahora se pasean por la calle y además piden una ejemplaridad que ni siquiera ellos son capaces de cumplir. Claro que, salvo alguna excepción que confirma la regla, la mayoría no tiene donde caerse fuera de la política, del sistema del amiguismo y la pseudo-democracia del partidismo y sus listas acordadas que ahora quieren rizar con la “participación” de los “militantes” e incluso simpatizantes. Y el lavado de las normas nuevas. Por todo ello vivan las tallas L y S.




Qué bueno el artículo! Enhorabuena! Dudo que te lo publiquen ...
MªJ FI

Impresionante artículo,pone los puntos sobre las íes sin duda.Lo de las tallas "L" sin duda se debe a esta mentalidad ibérica según la cual a los 40 ya estás "acabado",no digamos si eres de la talla L; en cambio en Reino Unido me comentó un amigo que en el curso que el hizo en Londres para Easy Jet,allá por 2007 habían cogido a una señora de 50 años a la que estaban preparando para ser auxiliar de vuelo.¿Será cosa de la compañía en concreto o de la mentalidad anglosajona? En EEUU y RU la edad es un dato que pertenece a la más estricta intimidad y que ninguna empresa te puede preguntar.
Escrito en debate de LinkedIn sobre Oferta de empleo
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